ESTANCIA LA CANDELARIA

Rutas cordobesas

Perdida en las sierras

El Camino de las Estancias Jesuíticas en la provincia de Córdoba, constituye un itinerario
turístico y cultural que invita a conocer los valores patrimoniales y reconocer la importancia
mundial de estos lugares históricos, asociados con paisajes, tradiciones y costumbres que
marcan la identidad de esta provincia. Visitamos la estancia jesuítica La Candelaria, la más
alejada del conjunto de construcciones que sirvieran como sustento económico de las empresas
educativas y espirituales de la Compañía de Jesús. Descubrimos que la belleza del destino final
se complementa con un camino de pampas, sierras, senderos y ríos, llenos del encanto propio
de las serranías cordobesas.

Las sierras cordobesas son lindas durante todo el año, sin embargo hay que reconocer que el
encanto que brindan en otoño es único por los colores de la vegetación, porque el clima es
más benévolo y los cielos más azules. Incluso si hay suerte y sol, hasta es posible darse una
refrescada en las cristalinas aguas de sus ríos de montaña, comer bajo la sombra de algún
árbol o asolearse en alguna playa solitaria dejando pasar el tiempo. La mañana de esta breve
travesía, prometía una jornada de pleno sol y algo de calor, sin dudas era un buen comienzo.
Partiendo desde Córdoba capital, orientamos el GPS rumbo a La Falda y luego desviamos hacia
un camino de tierra que atraviesa la Pampa de Olaen. El camino en perfectas condiciones para
cualquier tipo de vehículos obliga a transitar a una velocidad reducida para poder disfrutar del
paisaje, detenerse, sacar fotos o simplemente bajar del vehículo para respirar el aire fresco de
las sierras. Se trata de un paisaje sencillo, pero hermoso en donde se combinan las zonas
cultivadas con grandes extensiones de vegetación achaparrada del monte serrano, algunos
arbustos en flor y los clásicos cardos rosados dan el breve toque colorido a la zona. A lo largo
del recorrido por Olaen se atraviesan arroyos y se bordean algunas zonas más húmedas y
hondonadas que resguardan del viento a los rebaños de vacas u ovejas de los pequeños
productores locales.

Luego de transitar aproximadamente 60 kilómetros por la inmensidad de la serranía, un desvío
anuncia la inminente llegada a la Estancia la Candelaria, el camino se angosta un poco más,
pero sigue siendo bueno y transitable. Llegamos a un caserío, atravesamos un pequeño arroyo
y nos encontramos con la fachada blanca en medio de un manto de césped verde: estamos
frente a la hermosa Estancia La Candelaria. Estacionamos el vehículo debajo de una arboleda
de álamos amarillentos e ingresamos al predio. Pagamos el costo de la entrada que incluye
además el acompañamiento y un relato del guía revelando el inicio y esplendor de esta
construcción y comenzamos a recorrer la estancia.
Mano de obra esclava

La Candelaria lleva su nombre en homenaje a la Virgen de las Candelas, la historia relata que la
antigua merced de tierras, que en un principio perteneció al capitán García de Vera y Mujica,
fue donada por sus descendientes en 1673, a la Compañía de Jesús con el objetivo de
contribuir al sostenimiento del Colegio Máximo de Córdoba. Los religiosos transformaron
rápidamente el lugar en un foco de producción agropecuaria y adquirieron tierras lindantes
hasta constituir una propiedad de 300 mil hectáreas. Se sabe que ésta era la estancia que
mejores mulas preparaba, por el tipo de pastura que los animales podían comer en los
terrenos y por el relieve escarpado que preparaba a los animales de carga mejor que en
cualquier otra de las estancias de la orden.

Habitaban aquí pocos religiosos que tenían a su cargo a los esclavos negros traídos desde el
puerto de Buenos Aires. Fueron los encargados de proveer la mano de obra para establecer el
lugar. Aún hoy es posible encontrar las ruinas de sus ranchos, cerca de los corrales, molinos y
acequias y algo más distantes de la residencia de los sacerdotes y la capilla destinada al culto
religioso.

En aquellos tiempos, los jesuitas no sólo debieron afrontar el rigor del clima y la geografía, sino
también la presencia de los pueblos originarios que resistían la colonización. Es por eso que,
arquitectónicamente, la construcción combina elementos de una residencia con un fortín
prueba de esto es el aspecto cerrado y organizado en torno a un patio central rectangular de la
estancia. Uno de esos lados es la capilla a la cual se accede por un portón lateral ubicado sobre
el atrio, esta parte se destaca por su altura y fachada encalada; posee una planta rectangular y
un retablo de mampostería con dos sacristías a los costados. La fachada es simple, una puerta
central contenida en un arco rehundido, coronado por un frontis triangular donde se apoya un
campanario de tres aberturas dispuestas en dos niveles.
La iglesia y el área reservada para la vivienda de los sacerdotes se distingue por sus muros de
un metro de ancho, que aislaban térmicamente la construcción, ya sea del calor del verano
como de las bajas temperaturas en invierno, época en la que era habitual pasar varios días
bajo la nieve. Aún hoy se conservan algunas aberturas de madera de aquella época en donde
pueden leerse grabados que dan fe de la fecha de construcción de la estancia. La obra principal
se erigió íntegramente con rocas del lugar y barro. Su color blanco a la cal reproduce la pintura
de aquella época excepto en el altar, donde se destacan los colores pasteles y ornamentos
simples con algunas imágenes y una talla en madera de la Virgen de la Candelaria. Junto a la
entrada, se ubica un pequeño recinto con un orificio que permitía mantener la guardia frente a
los malones, incluso durante el oficio religioso.

El recorrido comprende la visita a todo el casco, en donde se pueden tomar fotos de los
antiguos restos de corrales, viviendas de los esclavos y galerías que aún están en etapa de
rescate, dentro de la iglesia no está permitido tomar fotografías para resguardar el patrimonio
y preservarlo del deterioro que puedan ocasionar las luces artificiales.
El recorrido vale la pena, el paisaje a lo largo del camino es un plus que sólo supera la llegada
al pórtico de La candelaria. Si visitas Córdoba y dispones de un día para hacer este paseo, lo
recomendamos, es garantía de pampas serranas, vista imponente hacia las Sierras Grandes
con Los Gigantes de fondo, arroyos y ríos serpenteantes, cielos azules y aire puro. Un paseo
imperdible hacia la historia y el paisaje cordobés.

Patrimonio de la Humanidad

En el año 1767, cuando el rey de España –Carlos III– ordenó la expulsión de los jesuitas, la
estancia se fraccionó en diferentes propiedades. Más tarde, en 1941, el sector de la capilla y
las viviendas fueron declarados Monumento Histórico Nacional. Posteriormente, fue
comprada por la el Gobierno de Córdoba en 1982, para preservarla como patrimonio cultural.
Finalmente, en el año 2000 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Que llevar

En el lugar se venden empanadas y algunos platos típicos según el día que se visite el lugar. Es
recomendable llevar agua para el viaje ya que hay pocos locales en dónde abastecerse.
Si se visita la estancia en verano o primavera, llevar protección para el sol y un traje de baño
nunca está de más, si es invierno u otoño asegurarse de tener abrigo extra ya que en las
alturas el viento suele ser más frío. Calzado cómodo siempre.
No olvidar la cámara de fotos y tener en cuenta que dentro de la iglesia no se permite tomar
fotografías y tampoco está permitido el ingreso con mascotas.

Cómo llegar:

Por Ruta Prov. Nº 38 hasta Villa de Soto y desde allí hasta La Higuera.
Desde Villa Carlos Paz, hasta Tanti y allí por camino de Tierra. O bien desde La Falda por
la Pampa de Olaen.
Teléfono:(0351) 433 34 25
Mail:direcciondepatrimoniocultural@cba.gov.ar

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